Los eufemismos de Nadia Calviño, o cómo disimular la ortodoxia liberal

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Eufemismos laborales

Cuando nos encontramos ante un exceso de eufemismos, ya sea cuantitativa o cualitativamente, es que algo no funciona de forma adecuada en el “consciente o subconsciente” de sus perpetradores. Porque pretenden así enmascarar una realidad incómoda, o bien alterar la opinión pública sobre algo que en el fuero interno se considera injusto o inadecuado.

Abundan mucho en nuestro mundo sociolaboral. A modo de ilustración podemos ver cómo la patronal del reparto de comida a domicilio se refiere a los “riders” (mensajeros de la manducatoria en bicicleta) como “¡emprendedores digitales!”. O nos referimos con frecuencia a “trabajador sobrecualificado” cuando en realidad lo que hay es “un trabajo de mierda”, pero se pone el foco en una debilidad o mala actuación de la persona en su inserción laboral.

Declaraciones de la Ministra

La Ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital ha hecho unas declaraciones en la inauguración –nada más y nada menos- del XII Congreso Confederal de Comisiones Obreras, y en atención posterior a los medios que transcribo literalmente:

«Tenemos que trabajar intensamente para lograr un paquete equilibrado que nos permita adoptar la reforma antes de final de año”; “en las próximas semanas tenemos que empezar a trabajar con los agentes sociales para abordar una simplificación de los contratos laborales y reducir la temporalidad excesiva, para modernizar la negociación colectiva, para regular adecuadamente las subcontratas, para establecer un nuevo mecanismo de flexibilidad y estabilización del empleo que nos permita tener la necesaria flexibilidad interna de las empresas pero sin la destrucción de empleo. Ese es el conjunto de reformas en el que vamos a trabajar con los agentes sociales con el objetivo de que esta reforma se apruebe antes de final de año”.

El clásico análisis de texto junto con una mínima prueba del algodón socialdemócrata (sin ir más allá), nos daría para argumentaciones de ida y vuelta. Estamos sin duda ante una retahíla de eufemismos auténticamente “de manual” de las diferentes reformas liberalizadoras desde mitad de los años 90. Ya hablaremos de “la mochila austriaca” (aprobada desde hace una década y que está pendiente de que un gobierno cualquiera la desarrolle reglamentariamente) y cómo su aplicación podría suponer una apariencia de reducción de contratos y estabilidad en el empleo, cuando en realidad lo que hay es despido libre al más puro estilo decimonónico. Piénsenlo rápidamente: si el despido improcedente es gratis o muy barato… todos indefinidos.

Eufemismos «de manual»

De momento queremos destacar a dos clásicos en la verborrea neoliberal. Modernizar la negociación colectiva quiere decir que tenga todavía más prevalencia el convenio colectivo de empresa, y por lo tanto que la inmensa mayoría de trabajadores y trabajadoras se vean sin el paraguas del convenio sectorial y al dictado del poder de dirección de la empresa sin contrapeso alguno. Es como alterar radical y definitivamente el equilibrio de unas relaciones laborales democráticas. Y si eso lo ponemos en conexión con la flexibilidad interna, nos acercamos a aquello que los economistas clásicos conocían como “el bronce de los salarios” como consecuencia de la individualización de las relaciones laborales, por muy moderno que nos suene. Se flexibiliza la entrada, el proceso y la salida.

La esquizofrenia

Puede parecer un poco esquizofrénico decir que se quiere derogar la reforma de 2012 (sin mentar nada de la de 2010 como si no fuera parte de un mismo proceso) cuando se abrazan cariñosamente sus motivaciones y objetivos. Pero nada extraña que la contradicción interna surja cuando mezclamos a Yolanda Díaz y su equipo en el Ministerio de Trabajo y Economía Social -a quien obviamente debería competer estos asuntos-, en un mismo gobierno con toda una auténtica candidata a presidir el Fondo Monetario Internacional.

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