LA MUJER Y EL MERCADO LABORAL

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El presente relato es autoría de LAURA GALLOSO GÓMEZ, estudiante de Trabajo Social de la Universidad de Huelva. Nos limitamos a reproducir como parte de un proyecto de innovación docente, destacando la buena labor del estudiantado; al margen de que podamos estar de acuerdo o no con las opiniones aquí vertidas.

 

Considero importante hacer referencia a un colectivo vulnerable como es el de las mujeres, ya que se encuentran con un mayor número de obstáculos que los hombres para incorporarse al mercado de trabajo. Existen brechas en el acceso al mundo laboral, en su trayectoria y en las posibilidades de poder alcanzar o aspirar a puestos de decisión.

En lo referente a la trayectoria de las mujeres, una vez incluidas en el mercado de trabajo también se enfrentan a peores condiciones en las mismas, ya que se encuentran más expuestas al desempleo, la subocupación demandante y la informalidad laboral que en el caso de los hombres.

Además, se enfrentan con paredes de cristal, es decir, colaboran más en los sectores menos dinámicos y peor remunerados de la economía. Muchas de las mujeres trabajan en el servicio doméstico, educación y salud y, por el contrario, los hombres se dedican más al comercio, construcción, industria y en actividades empresariales, inmobiliarias y de alquiler.

Aquellas que a pesar de los obstáculos consiguen sostener sus trayectorias, experimentan una última brecha de género en el acceso a los puestos de decisión, lo que se denomina “techos de cristal”. Según la Fundación Concilia2, esto se trata de una barrera invisible, muy compleja, que proporciona dificultades a las mujeres, a pesar de disponer de la misma cualificación y méritos que los hombres de su mismo trabajo. Estos sin embargo pueden acceder a puestos de poder de las organizaciones, empresas y la política.

Esto se debe a diferentes causas, como por ejemplo el rol de cuidado del hogar y de la familia a las mujeres, lo que además conlleva a una doble jornada laboral que no es reconocida para las mismas. Además de la dificultad de compaginar la vida personal y familiar que frena el ascenso laboral de las mujeres.

Por otra parte, considero que las políticas empresariales de promoción son poco objetivas. Muchas empresas están dirigidas por hombres y eligen a otros para ello, siguen teniendo la idea de que las mujeres no tienen capacidad de liderazgo y que no es propio de las mujeres.

Por todo ello, las mujeres siguen teniendo que demostrar el doble que los hombres a la hora de ascender en el mercado laboral, teniéndose que enfrentar a prejuicios a los que los hombres no se enfrentan.

Incluso, en cuanto a los contratos de hombres y mujeres en España según la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 75% de los contratos a tiempo parcial pertenecen a mujeres, destacando que la mayor parte de ellas argumentan que lo realizan de forma involuntaria, algunas de ellas debido a no encontrar un trabajo de jornada completa y otras por el cuidado de personas menores o dependientes como he hecho referencia anteriormente.

Cabe destacar el impacto de la pandemia hacia este colectivo, puesto que conllevó a mayor paro y precariedad y, en el ámbito social a mayor riesgo de pobreza y de ser víctimas de violencia de género. Además, los sectores más afectados durante la pandemia fueron el turismo, la hostelería y el ocio, donde existe mayor presencia femenina a diferencia de la crisis del año 2008, donde el sector más afectado fue la construcción, un sector mayormente masculino.

El Parlamento Europeo ha mostrado su preocupación por dichas circunstancias, ya que considera que la desigualdad entre géneros continuará en aumento si no se adoptan medidas, por tanto urge que los países miembros incluyan en sus planes de recuperación medidas específicas para poder terminar con el desequilibrio producido en el mercado laboral. Por otro lado, Eurofound expresa que la pandemia pone en riesgo los avances producidos en materia de igualdad debido al incremento de la participación de las mujeres en el trabajo no remunerado como es el cuidado de los menores y de enfermos.

Por ello, para acabar con dicha situación el Parlamento Europeo recomienda a las autoridades nacionales que motiven a los hombres a flexibilizar su horario de trabajo, ya que las empresas son las encargadas de crear entornos más flexibles tanto para hombres como para mujeres, en caso de no ser así, se mantendrá la percepción de que las tareas domésticas y los cuidados son responsabilidad de la mujer, por tanto las políticas de conciliación deben ir dirigidas a todos, sea cual sea su identidad de género y teniendo en consideración el ciclo vital de cada persona.

Además del techo de cristal ya mencionado, me gustaría hacer mención al síndrome de la impostora, que se trata de demostrar de manera continua que se es apto para un trabajo. Esto ya existía de manera previa pero se evidenció aún más con la pandemia, lo que ha conllevado a dedicar un mayor número de horas por parte de las mujeres para poder estar a la altura de las circunstancias laborales. Por tanto, la visibilización es necesaria, y quienes más pueden colaborar para ello son las empresas si reconocen el talento independientemente del género y fomentan así el liderazgo femenino, lo cual puede contribuir a que paulatinamente pueda desaparecer el techo de cristal.

Me parece importante destacar que concretamente en nuestra provincia, según Nius Diario, muchas mujeres han roto ese techo de cristal y han accedido a puestos de trabajos directivos o mejor remunerados y, un trabajo como es el de la minería, que está muy masculinizado en el caso de dicha ciudad, han conseguido que se vea como un trabajo de personas y no únicamente dirigidos hacia hombres, en parte gracias a la tecnología, ya que dicho trabajo se ha convertido en menos físico, puesto que ahora trabajan las máquinas con otros dispositivos y no con fuerza de manera directa, favoreciendo así a la integración de las mujeres.

Considero esencial la labor que como futuros y futuras profesionales del trabajo social debemos realizar en este aspecto, ya que debe existir más igualdad tanto fuera como dentro del mercado de trabajo. Es una labor conjunta con la sociedad, en la que los y las profesionales del trabajo social tienen un papel importante, puesto que nos toca trabajar de una forma muy cercana con aquellos colectivos en exclusión social o más vulnerables, como es el caso de las mujeres.

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